miércoles, 10 de octubre de 2018

La madurez empieza cuando se abandona el nido



Los motivos por los que los jóvenes aplazan la salida de casa de los padres son los más variados, desde los matrimonios más tardíos, el aumento de la escolaridad, los costos de vida más elevados o incluso la maternidad en edad más avanzada, todo contribuye a que la fase adulta empiece más tarde que el supuesto. Sea por factores emocionales o económicos, la verdad es que diversos jóvenes llegan a los 30 años y aún viven con la familia. Muchos de ellos continúan dependiendo totalmente de sus padres, sin nunca haber trabajado en la vida, no teniendo por tanto cualquier tipo de economía, otros sin embargo, a pesar de tener cierta independencia financiera, optan por seguir viviendo en casa de los padres porque se sienten más cómodos de este modo. Todos ellos se encuentran acomodados ante esta situación y en algunos casos hasta los propios padres se adaptan a esta condición de vida prefiriendo que se perpetúe.

Muchos son los casos en que los jóvenes optan por vivir en casa de los padres hasta edad más tardía debido a la valorización de la enseñanza universitaria en detrimento de la enseñanza secundaria, de forma que aumenta la probabilidad de una vida más cómoda en el futuro. Son estimulados a estudiar durante más años, pues el proceso para una buena formación académica es largo, lo que retrasa su entrada en el mercado de trabajo y consecuentemente al dicho "mundo adulto". Por supuesto, todo esto acarrea sus desventajas, como en el caso de los cargos financieros que van siendo postergados, muchos de ellos hasta ponderan cuál será la ventaja de salir de casa de sus padres si pueden seguir disfrutando de la juventud sin responsabilizarse verdaderamente de su autoabastecimiento, dado que los padres lo hacen por ellos. Muchos dejan incluso de ver ventajas en hacerse "adultos" tan pronto.
Hay algunos casos en que los padres están confortables con este tipo de situación, creyendo que de cierto modo eso es una forma de mostrar amor por sus hijos, en otras situaciones los padres tienen que recurrir a la justicia para garantizar que sus hijos hagan algo con sus vidas, sin que dependan de ellos para siempre.

El caso más popular en la actualidad y en analogía con esta cuestión, ocurrió en los Estados Unidos, donde los padres de un joven tuvieron que recurrir a los tribunales para conseguir que su hijo saliera de casa. Según los padres, el joven, de 30 años, no trabajaba, no estudiaba, y tan poco ayudaba en las tareas domésticas. Hartos de tal situación y tras constantes advertencias de que tendría que salir de casa, todas ellas sin éxito, no les quedó otra alternativa que recurrir al juzgado. Por suerte la justicia les dio la razón y el hijo tuvo finalmente que hacer las maletas y salir definitivamente de casa de sus padres.

Otro proceso similar, tuvo lugar aquí en España hace relativamente poco tiempo, trata de un tema un poco más sensible. Una joven, también de 30 años, que con escaso aprovechamiento escolar y a pesar de la edad, nunca se incorporó en el mercado de trabajo ni siquiera finalizó su formación académica. Esta chica, hija de padres separados, continuaba viviendo en casa de su madre y recibiendo una pensión de alimentos de su padre. Empero, dado la situación financiera de su padre, que vivía en absoluta indigencia pues lo poco que estaba ganando se quedaba casi en su totalidad para la pensión de alimentos de la hija, la justicia consideró que no le era necesario seguir manteniendo dicha pensión.

De hecho, la ley no obliga a los padres a cuidar de los hijos que sean mayores de edad de forma ilimitada y absoluta.

Así que ya saben… piénsenselo dos veces antes de tener hijos porque puede ser que críen cuervos y les saquen los ojos. 


Sindia Alves y A. Oliver
Antropóloga y Detective 
de Detectives Oliver

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